martes, 8 de marzo de 2011

Excusas para no aceptar la salvación


Excusas para no aceptar la salvación
      
 Frecuentemente cuando nos damos a la tarea de la evangelización, las vidas con las que nos encontramos presentan una serie de excusas para no servir al Señor y aceptarle como su Salvador personal.  . A veces no sabemos que responder bíblicamente ante las excusas de  aquellos que estamos tratando de ganar para el Señor.  Aquí encontraras las típicas preguntas o excusas que las personas tenemos para no aceptar la salvación que nos ofrece el Señor Jesucristo; y no solo eso, sino que también encontraras la respuesta apropiada a las excusas más comunes que se presentan, y las citas bíblicas para refutar cada una de ellas.  Esperamos que le sirva de ayuda en la tarea de evangelización

25 Excusas clásicas

1. Para los que dicen: Hoy no, mañana. Proverbios 27:1 ; Isaías 55:6 ; Lucas 12:9
2. Para los que dicen es demasiado tarde: Ezequiel 3:19 ; Juan 6:37
3. Para los que dicen haber fracasado en el intento Daniel 3:17 ; Romanos  4:21
4. Para los que dicen que todo es misterioso y extraño. Juan 13:7 ;  Hechos 1:7
5. Para los que dicen que no necesitan un Salvador Juan 3:18 ; Romanos  3:23
6. Para los que dicen que Dios es amor y al fin perdonará a todos Mateo  22:13
7. Para los que alegan que hay demasiados hipócritas en las iglesias Romanos 4:12
8. Para los que dicen que le perjudicaría su posición social Marcos 8:36
9. Para los que temen la persecución Mateo 5:11 ; Apocalipsis 2:10
10.Para los que dicen soy demasiado pecador Lucas 19:10 ; Hebreos 7:25
11. Para los que dicen no podré mantenerme firme: 1 Pedro 1:5 ; Judas 24
12.Para los que dicen ya pertenezco a una iglesia Juan 3:3 ; ; Gálatas 2:6
13.Para los que dicen he cometido pecado imperdonable: Juan 6:37 ; Romanos 10:15
14.Para los que dicen no soy peor que otros Juan 8:24
15.Para los que no pueden perdonar a otros: Mateo 6:15 ; 1 Juan 4:20
16.Para los que dicen habrá otra oportunidad después de la muerte: Hebreos 9:27 ; 2 Corintios 5:10 ; Hebreos 2:3
17.Para los que dicen tengo miedo de caer y fracasar: Salmo 37:2 ; Juan 10:28
18.Para los que dicen no tengo oportunidad Isaías 1:18 ; Mateo 9:13
19.Para los que dicen los cristianos tienen muchas faltas 1 Samuel 16:7, Lucas 6:41
20.Para los que dicen otro día: Proverbios 27:1 ; Mateo 24:44 ; 2 Corintios 6:2
21.Para los que dicen trato de ser cristiano y no puedo Isaías 12:2 Mateo 16:24 ; Efesios 2:8
22.Para los que dicen Hay tantas cosas que no puedo entender Lucas 24:45 ; Romanos 11:33 ; 1 Corintios 1:18
23.Para los que dicen Tendré que dejar tanto: Salmo 16:11 ; Marcos 8:36 ; Lucas 18:29 ; 1 Corintios 2:9
24.Para los que dicen ¿Qué tengo que hacer para ser salvo? Isaías 53:5 ; Juan 1:12 ; Juan 3:16 Romanos 10:13 ; 1 Juan 1:9
25.Para los que dicen yo no creo en Dios Salmo 19:1-4

Explicaciones más detalladas a preguntas más sensibles

A-   Todavía hay mucho tiempo para ser salvo

       Pensar que uno tiene mucho tiempo para ser salvo, no tiene fundamento  pues, cada año, miles de personas mueren repentinamente, sea de muerte natural o por asesinato. Los derrames cerebrales destruyen instantáneamente la mente de muchos miles más. Si usted muere en sus pecados, ¿qué excusa tendrá cuando esté delante de Dios, ante el gran trono blanco? (Apocalipsis 20:11-15). ¡No crea las mentiras de Satanás!

       El tiempo es corto. Puede ser que la eternidad esté a la vuelta de la esquina para usted. ¿Se atrevería a no ser salvo, tan siquiera hasta mañana? Quizás Dios le diga esta noche: "Necio, esta noche vienen a pedir tu alma" (Lucas 12:20). ¡Entonces será demasiado tarde! Todo lo que le quedará por delante será el infierno eterno, ¡terrible consecuencia por haber aplazado el momento para ser salvo!

       B- No importa lo que crea, siempre que sea sincero
      
He aquí lo siguiente: un hombre, al sentirse mal, fue a buscar medicamento. Pero, por equivocación, tomó un frasco de veneno e ingirió algo de su contenido. Una hora más tarde murió sufriendo terribles dolores. ¿Se salvó porque creía que era medicamento? Estaba realmente equivocado y, como consecuencia, murió.

       La salvación o condenación de una persona depende de lo que ella crea. Si cree a Dios, será salva eternamente, pero si cree las mentiras de Satanás, pasará la eternidad en el infierno.

La Biblia dice: "Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es caminos de muerte" (Proverbios 14:12).   "El que cree en el Hijo (Jesús) tiene vida eterna, pero el que rehusa creer en el (desobedece)  Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Juan 3:36).

       El Señor es el único camino para ir al cielo, a Dios. También es la verdad, el que saca todas las cosas a la luz, tales como son a los ojos de Dios. Por Jesús sabemos qué es el bien, el mal, el hombre, el mundo y Dios mismo. Él es la vida, necesaria para disfrutar de todo lo que Dios nos reveló. Por eso Jesús dice: "Nadie viene al Padre sino por mí". (Juan 14:6)



       C- Nunca en mi vida le he hecho daño a nadie

       ¿Quiere usted decir que nunca ha tenido un mal pensamiento, ni ha mentido, ni ha tratado de engañar a nadie? ¿Ha amado a Dios con todo el corazón, alma, fuerza y mente? ¿Ha amado a otros como a usted mismo? Esta es la perfección que Dios requiere (Lucas 10:26-37).

Por supuesto, nadie puede vivir una vida tan perfecta. Usted tiene que admitir que ha pecado y Dios dice: "El alma que pecare, esa morirá" (Ezequiel 18:4), y: "La paga del pecado es muerte" (Romanos 6:23). Por lo tanto, ¿por qué no toma su lugar como perdido y derrotado ante los ojos de Dios y deja de excusarse o tratar de cubrir sus pecados? No se los puede esconder a Dios.

       D- Le daré la vuelta a la página y empezaré de nuevo

       Aunque tan sólo pudiera doblar la página y empezar otra vez, ¿qué de los pecados de antes?. A un niño en la escuela se le regó la tinta en la página de un libro. Rápidamente pasó a una página limpia y decidió tener más cuidado en el futuro. Pero la mancha quedó ahí y cuando la maestra lo vio, lo castigó.

Puede ser que durante un tiempo usted tomara licor, usara palabras sucias, mintiera, o tuviera malos hábitos. Pero luego, hizo borrón y cuenta nueva, y se volvió una persona «regenerada», como dice el mundo. Sin embargo, esta nueva conducta jamás puede quitar la desobediencia pasada. No es tomar buenas decisiones o reformar su vida a costa de grandes esfuerzos, lo que podrá salvarle. Hace falta pasar por el nuevo nacimiento. El Señor Jesús dice: "Os es necesario nacer de nuevo" (Juan 3:3-7). Usted debe llegar a ser una "nueva criatura" en Cristo Jesús.

       E- Dios es demasiado misericordioso como para castigar a los pecadores

       Satanás trata de hacerle creer a la gente que Dios no va a mandar a nadie al infierno; a lo menos, no por mucho tiempo.

       Es verdad que Dios es misericordioso; pero al mismo tiempo es santo y justo y jamás podría ser misericordioso a costa de su justicia. Si bien Él es paciente, "misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad;...de ningún modo tendrá por inocente al malvado" (Éxodo 34:7). Él no puede permitir que el pecado continúe sin castigo.

       Dios puede perdonar a los pecadores culpables sólo a través de la muerte de Cristo Jesús en la cruz. Allí "la misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron" (Salmo 85:10). El pecado ha sido perfectamente quitado, y el pecador que cree queda perfectamente justificado "por la sangre de la cruz" (Colosenses 1:20). No obstante, el que se niega a aceptar la vida eterna recibiendo al Señor Jesús como su Salvador, "morará con el fuego consumidor" eternamente (Isaías 33:14). Apocalipsis 20:15 nos dice que "el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego" (al infierno). "El que desobedece (no está sujeto) al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Juan 3:36).

       F- Haciendo lo mejor que pueda, me salvaré
       ¿Puede usted decir sinceramente que siempre ha hecho lo mejor que podía para Dios? ¿No le ha pasado a menudo que ha hecho lo que no debía y dejado de hacer lo que debía hacer? Un solo pecado es suficiente para condenarlo. Dios dice que "todos nosotros nos descarriamos como ovejas" (Isaías 53:6) y que "no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno" (Salmo 14:3). Usted tiene que admitir delante de Dios que está arruinado, que es un pecador impotente. Deje de tratar de ganarse la salvación y acepte el regalo gratuito de Dios creyendo en Cristo. "Al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia" (Romanos 4:5).

       G- ¿Estoy verdaderamente perdido?

       ¿Se ha visto usted como un pecador perdido en camino al juicio y al infierno? Por favor, hágale frente a esa pregunta honestamente. ¿Está usted salvador o perdido? Si tuviera que encontrarse con Dios dentro de un minuto, ¿estaría listo, o todavía alega alguna excusa para no ser salvo? La rectitud y justicia de Dios demanda pago por sus pecados. Pero Cristo "vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10). Tome el lugar de pecador perdido, aprópiese del Salvador de los pecadores como su propio Sustituto y Salvador personal, y será salvo eternamente.

       Si usted no está convencido de su culpabiliadad ante Dios, si no está horrorizado ante la perspectiva del juicio por venir, rechaza ese mensaje como si no le fuese dirigido. Quizá piense usted que no tiene ninguna necesidad. No podemos más que advertirle de forma apremiante que su camino de propia justicia le conduce a la perdición. Póngase, pues, a la luz de Dios y véase tal como es.

Cambie de dirección, arrepiéntase mientras aún hay tiempo.   "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).

       H- ¿No son suficientes las buenas obras?

       El diablo, Satanás, el enemigo de Dios y del hombre, confunde a las almas por medio de falsas doctrinas que propaga en el mundo, con la intención de persuadirnos de que no somos salvos por la fe, sino por medio de las obras. Es, pues, muy importante aclarar el punto a la luz de las Sagradas Escrituras, para que se sepa con toda certeza que la salvación se consigue por la fe, sin obras de la ley (Romanos 3:28).

El sistema de salvación por medio de las obras agrada al hombre porque en él encuentra un elemento para gloriarse, creyéndose capaz de lograr por sí mismo su salvación. Recibir la salvación como un don de Dios humilla al hombre que quiere adquirirla y no recibirla gratuitamente. Por tal razón tantas almas se privan de la salvación que se forjó completamente en la cruz del Calvario y que ahora ofrece Dios, gratuitamente, a todo aquel que cree en Él.

       La Biblia nos muestra que una persona que no ha sido salvada no puede agradar a Dios con sus buenas obras. Pero desde el momento en que es salva, en todo debería obrar para la gloria de Dios.

       Las buenas obras se edifican sobre la base del amor y la fe en el Señor Jesucristo. Una vez que usted cree en el maravilloso amor de Dios manifestado en el Señor Jesús, anhelará trabajar por Él en agradecimiento por lo que Él hizo por usted.

       I- Es muy difícil ser cristiano

       Alguien dijo que había tratado de ser cristiano una y otra vez, pero siempre había fallado. Creía que era muy difícil vivir la vida de cristiano. Pero llegar a ser cristiano no es difícil si usted acepta la forma de salvación de Dios. Deje de tratar de salvarse por sus propios esfuerzos. Cristo terminó el gran trabajo de perdón y satisfizo la justicia de Dios. Él ya castigó a Cristo, de modo que no puede pedir nada más de los que lo acepten como su Salvador y Sustituto. Todo lo que necesita hacer para ser salvo es creer en el Señor Jesucristo, porque Él es quien hizo todo el trabajo y es capaz de "salvar perpetuamente' (Hebreos 7:25).

       A veces es difícil vivir la verdadera vida cristiana después de la salvación; pero, ¿cuál paga mejor? El Señor Jesús dijo: "No te desampararé, ni te dejaré" (Hechos 13:5). Pero si usted escoge servir a Satanás, tendrá que darle la espalda al que quiere ser su mejor Amigo. Tendrá que despreciar Su gran salvación, resistir al Espíritu Santo e irse de cabeza al infierno eterno.

       "Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro" (Mateo 6:24). Cuando el corazón se apega al mundo, abandona a Dios. Volvámonos a Dios, nuestro Padre celestial, quien satisface todas nuestras necesidades.


       J- No puedo dejar los placeres del mundo

       Hasta que usted sea salvo, Dios no le pide que deje los placeres del mundo. El deseo de Dios es que reciba por fe a Cristo en su corazón, y luego Él le salvará tanto del castigo como del poder del pecado. Dios quiere salvarle ahora mismo, tal como es. No tiene que dejar el mundo antes de convertirse. Después de ser salvo querrá dejar de hacer lo que a su nuevo Amigo le desagrada.

       K- No quiero ser triste y melancólico

       Algunas personas piensan que los cristianos tienen caras largas y vidas tristes. Esta es una de las mentiras más grandes de Satanás. La verdadera y duradera felicidad es la parte de todo cristiano. ¿Puede entristecerme saber que mis pecados están perdonados y que voy a pasar la eternidad con el Señor Jesús en el cielo?

       ¿Cómo se sentirá un criminal condenado cuando se le perdona: contento o triste? El cristiano es feliz porque está libre del pecado, del juicio y del infierno. La Biblia dice: "Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor" (Salmo 144:14). "En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre" (Salmo
16:11).

       L- Hay tantos hipócritas

       No es justo llamar «hipócritas» a todos los cristianos sólo porque algunos dicen ser cristianos aunque no se portan como tales. Si se razonara de esta forma, habría que llamar a todos los cajeros «ladrones» porque a algunos los han cogido robando. Hipócritas son aquellos que profesan ser lo que saben que no son. El hecho de que alguien pretenda ser cristiano no quiere decir que lo sea de verdad. Pero, prueba que el cristianismo debe ser bueno, porque los hombres no anhelan ser algo que no valga la pena. Si, por otra parte, algunos verdaderos cristianos son inconsecuentes, ¿es ésa una excusa válida para que usted no sea salvo?

       LL- Hay tantas opiniones diferentes

        Es posible que haya oído decir: «Yo no sé qué creer, hay tantas opiniones diferentes...»   ¡Eso es cierto! Por eso es importante que nos dejemos guiar por completo por la Biblia, la segura Palabra de Dios. Sólo hay un medio de salvación, el cual está expuesto en la Biblia. Una joven que se estaba muriendo de tuberculosis pidió a varias personas sus opiniones acerca de la salvación. Alguien le dijo que «orara», otro que consiguiera la salvación por «buenas obras»; el tercero, un cristiano, le dijo que él tenía algo mejor que su propia opinión: ¡tenía la opinión de Dios! La joven aprendió que lo que tenía que hacer para ser salva era creer en el Señor Jesucristo, y así lo hizo.

Las 7 mentiras de Satanás
Pastor, José A. Holowaty

Desde luego que Satanás tiene más que siete mentiras, es rico en engaños y estafas.  Pero lo que quiero destacar aquí es que estas mentiras están dirigidas especialmente a quienes todavía no son salvos.  Es a esos a los que Satanás más usa.  Recordemos lo que dijo Jesús, de cómo el diablo se especializa en la mentira y el engaño: “¿Por qué no entendéis mi lenguaje?  Porque no podéis escuchar mi palabra.  Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.  Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él.  Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Jn. 8:43, 44).

Para poder mantener al perdido alejado del Salvador, Satanás como dueño de ese producto se vale de la mentira.  Este artículo está dirigido muy especialmente a las personas que escuchan el evangelio, porque es a esos a quienes Satanás les ofrece muy buenas excusas.  Vuelvo a repetir, el diablo tiene más que siete mentiras, pero sólo vamos a examinar esas que emplea con mayor frecuencia, ya que el espacio no nos permite más.
I.  «Todavía no, después lo haré»

Satanás no siempre puede mantener a su víctima alejada de la Palabra de Dios.  Es bastante común que el hombre o la mujer pecadores, asistan a una conferencia bíblica, lean la Biblia o alguna literatura cristiana.  Todo esto bien puede llevarlos a decidirse por Cristo y escapar de las garras de este tirano, “padre de mentira”.  Es entonces, cuando el pecador se expone a la Palabra, que Satanás pone a funcionar su arsenal de excusas, cuando nota que el pecador está decidiendo o que se está dando cuenta de que ha llegado el momento de arrepentirse, confesar sus pecados y depositar su fe en Cristo para ser salvo por su gracia.  Es entonces cuando este mentiroso le dice al oído: «Está bien, todo es verdad, estás perdido, todo lo que has oído o leído es cierto, pero... déjalo para otro día, mañana por ejemplo, podrás convertirte».

Lo que Satanás no le dice a este pecador, es que está por cometer el pecado de presunción.  Porque con una actitud así, el pecador pretende tener dominio sobre su vida.  Es como si dijera: «Ya tendré oportunidad mañana, dentro de una semana, dentro de un mes, etc.»  Satanás sabe que cualquier tiempo que el pecador le conceda, aunque sean unas horas, puede ser suficiente para alejarlo definitivamente de su inquietud espiritual.

Si usted ha caído en esta trampa, quiero que antes de hacerle caso al diablo, recuerde estas advertencias bíblicas:
  • “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto” (He. 3:7, 8).
  • “Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (He. 3:13).
  • “Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación” (He. 3:15).
  • “Otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (He. 4:7).
  • “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Co. 6:1, 2).

Todas estas advertencias son para que el pecador no posponga su decisión.  Advierten del serio peligro que hay en ello.  Puede sobrevenir una muerte inesperada que acabe así con cualquier oportunidad, Dios tiene el poder para endurecer el corazón del pecador al punto que ya no le es posible tomar una decisión: “Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Ts. 2:11, 12).
Es posible también que la Iglesia sea arrebatada,  entonces ya será tarde cualquier intento de salvación.
Vemos entonces que a Satanás le interesa muchísimo que el pecador posponga su decisión, porque «Mañana» bien puede ser «Nunca».

II. «Debo estar seguro de que podré ser fiel»

Es común escuchar esto.  Hay quienes dicen: «Bueno, una cosa así hay que tomarla con calma, porque intentar ser cristiano en una forma precipitada y luego no poder cumplir, ¡sería como burlarse de Dios!»
Veamos lo que dice en Hechos 16:27-34: “Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido.  Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.  Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?  Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.  Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.  Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y enseguida se bautizó él con todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios”.

Todo esto lo dice la Biblia, pero supongamos que el carcelero hubiera querido “estar seguro de poder cumplir” y por ello hubiera entablado la siguiente conversación con Pablo y Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?”  Y luego, al oír la respuesta hubiera dicho: «Bueno, permítanme pensarlo bien.  Tengo esposa e hijos, tengo amigos y superiores.  Primero debo estar bien seguro de que mi familia me acompañará en esta nueva fe...  Esto es algo muy serio, no se puede jugar con Dios.  No quiero fracasar, quiero emprender ese camino cuando esté totalmente seguro de poder cumplir con los mandamientos de Dios».

Parecen lógicas las supuestas reflexiones de este hombre.  Pero... ¿Puede uno estar en una condición de mayor fracaso y peligro que vivir sin ser salvo?  Si un profesional quiere cambiar de profesión, es bueno que primero haga cuentas.  Si ya tiene una profesión, no sería prudente renunciar a ella por algo incierto.  Pero... ¿Qué puede perder un leproso, sino la lepra, en caso de que le ofrezcan un tratamiento?  ¿Qué puede perder un ciego, sino la ceguera, si le ofrecen una cura?  ¿Qué puede perder un hombre que está muriendo de hambre y de sed, en caso de que le ofrezcan alimento y agua?
Son muchos los que toman textos fuera de su contexto y se los aplican a los perdidos cuando en realidad dicho texto corresponde al cristiano y a su deseo de ser misionero, pastor o evangelista de tiempo completo.  Uno de estos textos es: “Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.  Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.  Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?  No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.  ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?  Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.  Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14:25-33).
Esta enseñanza no debe aplicarse al cristiano.  No es cierto que el Señor esté diciéndole al inconverso que primero debe ver bien, sacar cuentas y considerar si puede ser cristiano.  Esta enseñanza es para aquellos que creen que han recibido un llamamiento divino, que tienen vocación pastoral o algo así.  Que creen que deben dedicarse por entero a la obra espiritual.  Ellos tendrán que ver si están dispuestos a someterse a pruebas de todo tipo: un salario pobre, desprecio de parte de sus familiares y de los incrédulos, iglesias carnales, indiferencia e incredulidad cuando tratan de ganar un alma, falta de beneficios sociales para él y su familia, acusaciones falsas, etc.

Hay jóvenes, sobre todo varones, que al escuchar a un gran expositor bíblico, al ver a un pastor con una congregación poderosa y notar su prestigio, se entusiasman porque no saben las penurias por las que tuvo que haber pasado este hombre.  Pero la salvación es un don divino, usted sólo tiene que aceptarlo.  La salvación en sí no requiere esfuerzo alguno del pecador.  Todo lo que el pecador tiene que hacer es recibir a Jesucristo como su Señor y salvador, amarle y servirle.  Nunca llegará el día en que “se siente seguro de poder permanecer fiel”.  La Biblia dice: “No por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:9).

Otro pasaje que confunden la gran mayoría es este que dice: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 24:13).  Sólo hay que fijarse en qué contexto se encuentra esta declaración solemne para notar que la palabra “persevere” se aplica directamente a los judíos sobrevivientes de la gran tribulación.  Los cristianos ya son salvos, no hay nada que tratar después.  La supervivencia de los judíos durante la gran tribulación será su garantía de que recibirán con gozo al Señor Jesús como su Mesías y de que llorarán con gran lamento por haberlo rechazado.

El pecador no tiene por qué preocuparse de no poder cumplir, porque nadie puede cumplir algo.  Jesús dijo: “Consumado es...” (Jn. 19:30).  Él consumó, cumplió y concluyó nuestra salvación.  También dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Jn. 10:27, 28).
  • Jesús no dice: «Mis ovejas DEBEN oír mi voz», porque los salvos lo están haciendo.
  • Jesús no dice: «Mis ovejas DEBEN seguirme», sino “me siguen”.
  • Jesús no dice: «Mis ovejas DEBEN tener vida eterna», sino “yo les doy vida eterna”.
  • Jesús no dice: «Mis ovejas NO DEBEN perecer jamás», sino “no perecerán jamás”.
  • Jesús no dice: «Mis ovejas DEBEN permanecer en mi mano», sino “nadie las arrebatará de mi mano”.

Años después Pablo afirmó: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”(2 Ti. 1:12).  “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condenará?  Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.  ¿Quién nos separará del amor de Cristo?  ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?  Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.  Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:33-38).

La Biblia afirma que el cristiano llega a ser hijo de Dios por la obra milagrosa del nuevo nacimiento que el Señor mismo le otorga, cuando después de escuchar la Palabra de Dios, arrepentido deposita su fe en él, recibiéndole como su salvador personal todo suficiente.  Ningún bebé en el vientre de su madre dice: «Tengo que estar seguro de que podré sobrevivir y seré victorioso».  Lo que ocurre es, cuando llega el momento, el bebé nace.  Lo mismo sucede con el nacimiento espiritual, con la diferencia de que en el nacimiento físico el bebé no tiene participación alguna.  Todo el proceso sigue una ley biológica establecida por Dios y el niño nace.  Pero en el caso del nacimiento espiritual, el pecador experimenta el nuevo nacimiento si quiere, si no quiere, no lo logra.  Una vez que el pecador desea la salvación, el Espíritu Santo se encarga de que experimente el nuevo nacimiento.

III. «¡Es que hay tantas religiones!»
La tercera mentira de Satanás consiste en confundir al pobre pecador haciéndole ver que hay demasiadas religiones.  Realmente, la fábrica de todas las religiones es ahora supervisada por Lucifer.  Es cierto que las hay, y muchas, así ha sido siempre, pero Jesús nunca se refirió a religión alguna cuando habló de la salvación y de la vida cristiana.  Cuando les habló a los religiosos de su tiempo, les reprochó por su hipocresía; así se halla registrado en el capítulo 23 de Mateo.

Jesús no era un religioso, fue incluso acusado por los escribas y fariseos porque se juntaba con mucha gente y denunciaba las apariencias de los religiosos.  Los apóstoles no eran religiosos, tampoco los profetas.  Mas bien fueron perseguidos por ellos.  No solamente hay muchas religiones, sino también muchas profesiones, corrientes políticas, filosofías, deportes, oportunidades, etc.  Pero cuando se trata de la salvación del pecador, Jesús dice: “Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.  Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?  Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Jn. 14:4-6).

Pedro, hablando de Jesús dijo: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.  Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch. 4:11, 12).
  • ¿Quiere llegar al cielo?  Jesús es el camino.
  • ¿Quiere estar en la verdad?  Jesús es la verdad.
  • ¿Quiere tener vida eterna?  Jesús es la vida eterna.
  • ¿Quiere salvación?  En ningún otro hay salvación, sino solo en Jesús.

Dios no le pide cuentas de por qué hay tantas religiones.  Dios no le exige que escoja una religión, la verdadera, entre tantas.  Muchos años antes de Cristo, Dios, hablando por boca de Isaías y refiriéndose al único camino de salvación, dijo: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda.  Entonces profanarás la cubierta de tus esculturas de plata, y la vestidura de tus imágenes fundidas de oro; las apartarás como trapo asqueroso; ¡sal fuera! les dirás” (Is. 30:21, 22).

Cuando usted nació, ya había muchas religiones y las habrá después que muera.  Pero el Salvador es uno solo.  Es el Redentor quien murió por nuestros pecados, quien nunca pecó, quien resucitó al tercer día y quien está a la diestra de Dios.  Él es quien intercede por todos los cristianos, quien recogerá a su Iglesia en breve, quien vendrá para reinar en el reino milenial, quien juzgará a todos los impíos en el día postrero y los arrojará en el lago de fuego, el infierno.  ¡Esto no lo hará religión alguna!  A usted lo único que debe interesarle es la cuestión de su condenación.  Para ello debe acudir a Cristo Jesús, despojándose aun de su propia religión, cualquiera que ésta sea.

IV. «No creo que Dios me perdone»
Son muchos los pecadores a quienes Satanás les ha dicho: «Eres demasiado pecador, ya no tienes salvación, Dios jamás te perdonará.  El cristianismo es para esos que son morales, buenos, intachables y limpios».  Nunca olvide que estos pensamientos son el producto del mentiroso y padre de mentira.  No necesitamos más que ver la clase de gente con que Jesús trató y cómo les ofreció salvación aun a los peores pecadores.  Tomemos dos ejemplos de la Biblia:
  • Zaqueo: La historia de este hombre y su encuentro con Jesús se halla registrada en Lucas 19:1-10.  Dice la Biblia que era un cobrador de impuestos y que era de baja estatura, que deseaba ver personalmente a Jesús, y finalmente, que quería verlo secretamente.  Cuando Jesús le dijo que se bajara del árbol en que estaba subido, porque él mismo iría a posar en su casa, lo hizo de inmediato y le ofreció gozoso su hogar.  Fue tan grande el impacto que hizo Jesús en la vida de este hombre, que dijo: “...He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.  Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:8-10).

Si no tiene idea de cuán malo era Zaqueo, recuerde que los enemigos de Jesús lo acusaron por reunirse con la lacra de la sociedad de su tiempo, que eran los publicanos y las mujeres de mal vivir.  Jesús dijo públicamente en la casa de Zaqueo, que su misión era buscar y salvar a los pecadores.  Hasta la fecha, él sigue buscando a los pecadores para salvarlos: “Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mt. 9:13b).

  • Una mujer pública: En Juan 8:1-11, Juan registra un incidente singular entre Jesús y unos religiosos que hallaron a una mujer pecadora.  Pero note que Jesús no cuestionó las acusaciones de ellos.  No dijo que esa mujer no era pecadora, que «todos adulteran», sino solamente manifestó: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”(v. 7).

¿Sabía usted que entre ellos había uno sin pecado, pero que no arrojó esa piedra?  ¿Recuerda el nombre de ese hombre sin pecado?  ¿Recuerda lo que ese hombre sin pecado dijo después de hacer la invitación?: “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?  ¿Ninguno te condenó?  Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (vs. 10, 11).

Existen hoy muchos hombres y mujeres con pecados similares.  El flagelo de la sífilis, la gonorrea y el sida, son producto de la inmoralidad sexual y la prostitución de hombres y mujeres.  A pesar de todo, ellos son objeto del amor de Dios si verdaderamente están dispuestos a aceptar su respuesta: “No peques más”.  El cielo les abre sus puertas si ellos abren la puerta de sus corazones al Salvador y no rechazan su perdón.

Si piensa sinceramente que Dios no le perdonará por ser demasiado pecador, si esto no es solamente un argumento para desentenderse de Jesús, el siguiente incidente borrará todas sus dudas y le convencerá de que verdaderamente hay perdón total en Cristo: “Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme.  Y se levantó y le siguió.  Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.  Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?  Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.  Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio.  Porque no he venido a llamar justos, sino a pecadores, al arrepentimiento”(Mt. 9:9-13).

Si quiere buscar a la peor gente de la sociedad, si quiere ver a los viciosos, degenerados, ladrones, estafadores, drogadictos, obscenos, adúlteros, fornicarios, avaros, borrachos y desenfrenados, aquí los tiene.  En los días de Jesús, el rótulo más grave para una persona era «publicano y pecador».  Ningún religioso se juntaba con esta gente, jamás habría aceptado una invitación de alguno de ellos.  Jamás habría permitido que alguien le viera con uno de estos.  Pero Jesús aceptaba las invitaciones de ellos, comía con ellos y les hablaba del amor de Dios, de la oportunidad de recibir una nueva vida, del arrepentimiento y la regeneración.  Usted, quienquiera que sea, le aseguro que tiene la preciosa oportunidad de ser salvo si tan sólo cree en el perdón completo que Jesús le ofrece hoy mismo.

V. «Yo no soy tan malo»
Así somos los humanos, mientras unos se consideran demasiado pecadores, otros piensan que son demasiado buenos, santos, piadosos y que en realidad no necesitan de Dios, ni del perdón de sus pecados ni del sacrificio de Cristo ni nada de eso.  Satanás es el dueño de ambas mentiras.  No todos son muy malos, ni todos muy buenos.  Él tiene suficiente argumentos para ambos grupos.  Hay quienes dicen: «Siempre voy a la iglesia».  «Siempre doy limosnas y ayudo a los pobres».  «No insulto, ni critico a nadie, no busco pleitos».  «Hago penitencia, cumplo con mis promesas, rezo todos los días y ando bien con todos».  Pero la Biblia dice que todos somos malos y pecadores: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”(Ro. 3:23).

Aunque usted tenga buen carácter, ayude a otros y no hable mal de nadie, a pesar de todo es pecador.  Incluso es probable que se sienta mejor que los demás y que crea que su vida agrada a Dios.  Entonces le recomiendo que lea todo el capítulo 10 del libro de Hechos de los Apóstoles, allí verá una figura insuperable en cuanto a la conducta, pero que no era salvo.  La cuestión no es si uno es bueno o es malo, la cuestión radica en si la persona es salva o no, tal como dijera el Señor Jesucristo: “A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.  El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba al pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.  Os digo que este descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lc. 18:9-14).

VI. «No entiendo la Biblia»
Satanás suele meter en la cabeza de las personas la mentira de que la Biblia no se puede entender.  Ciertamente hay algo de verdad en esto, porque tampoco los ciegos pueden distinguir los colores.  Las personas que no pueden entender la Biblia es porque no son salvas.  Pero usted no tiene que comprender la Biblia para ser salvo, porque después la entenderá.  Lo importante es que la Biblia sí le entiende a usted y lo describe con detalles sorprendentes.  Mientras no sea salvo, no va a comprenderla: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.  En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor?  ¿Quién le instruirá?  Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”(1 Co. 2:14-16).

El Espíritu Santo que asiste al creyente regenerado, no lo hace con el pecador no regenerado: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Jn. 16:13).
En otro lugar leemos: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual”(1 Co. 2:12, 13).  Sería extraño que una persona no regenerada pudiera entender bien las Escrituras e interpretarlas correctamente.  Sería como si un ciego de nacimiento, en su condición de invidente, distinguiera los colores.  Si el inconverso no entiende la Biblia, ¡es simplemente natural, es bíblico, así debe ser!

VII. «Temo el ‘qué dirán’»
Hay innumerables personas que no aceptan a Cristo, no porque no sientan el deseo y la necesidad, lo que ocurre es que tienen vergüenza de hacerlo porque saben que sus familiares y amigos se burlarán de ellos.  El mundo presente está bajo el dominio de las tinieblas, predomina el pecado.  Por lo cual, todo intento de escapar de semejante vida, es visto como fuera de lo común.

Jesús, hablando de esto en cierta ocasión, dijo: “Porque el que se avergonzare de mí y mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Mr. 8:38).

En la actualidad no es nada popular ser cristiano.  En algunos círculos es realmente motivo de vergüenza declararlo.  Pero los papeles cambiarán, llegará el día que el Salvador vendrá con sus santos ángeles y destacará a unos y rechazará a otros.


¿Cómo puede salvarse uno?
La respuesta es que Cristo "se dio a sí mismo en rescate por todos" (1 Timoteo 2:6). Jesús "llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero" (1 Pedro 2:24). Dios "al que no conoció pecado (Jesús), por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Corintios 5:21). La justicia de Dios está satisfecha, no con lo que usted ha hecho, sino con lo que Cristo hizo por usted. Teniendo como base la obra que el Señor Jesús cumplió en la cruz, Dios le ruega que acepte su salvación gratuita, completa y presente, antes de que sea demasiado tarde.

4 comentarios:

Umberto Martinez dijo...

QUE PENA PERDER MI TIEMPO, Y NO DESCUBRIR GRANDEZA
EL DIOS DE LO Q USTEDES HABLAN
NO ENSEÑA
SOLO EXIGE
YO NO ACEPTO LA SALVACIÓN DE UN SER QUE NO PUEDE DAR???????????
YO NO ACEPTO LA SALVACIÓN DE UN CHARLATAN
YO AMO MI CAMINO
YO AMO LO QUE YO SOY
YO NO SOY UNA OVEJA

Umberto Martinez dijo...

QUE PENA PERDER MI TIEMPO, Y NO DESCUBRIR GRANDEZA
EL DIOS DE LO Q USTEDES HABLAN
NO ENSEÑA
SOLO EXIGE
YO NO ACEPTO LA SALVACIÓN DE UN SER QUE NO PUEDE DAR???????????
YO NO ACEPTO LA SALVACIÓN DE UN CHARLATAN
YO AMO MI CAMINO
YO AMO LO QUE YO SOY
YO NO SOY UNA OVEJA

Umberto Martinez dijo...

MIERDA

Umberto Martinez dijo...

OJALA NO SEAIS BASURA, SERES HIPOCRITAS Y CANTEN UNA GRAN VERDAD, DE SERES CAMINANTES Y CONQUISTADORES
EL PODER ESTA DADO EN NOSOTROS Y NO EN NUESTRA MIERDA